Friday, November 26, 2021

‘Narcos’ a la mexicana

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Aunque cada historia, como cada persona es diferente, probablemente cualquier historia sobre narcotraficantes, será siempre la misma. Aun así, lo mejor que pudo haberle pasado a la serie de Netflix ‘Narcos’ fue cambiar de escenario.

Por una razón u otra, ya fuera por la ausencia del carácter legendario, carismático, pero también explosivo y sanguinario de Pablo Escobar o porque los lideres del cartel de Cali no tuvieron la prestancia y magnetismo de aquél, o por la razón que fuera; lo cierto es que la tercera temporada de ‘Narcos’ versión Colombia, no tuvo el mismo impacto y acogida que las dos temporadas previas.

Es por ello que, aunque la estructura narrativa de Narcos: México’ sigue siendo la misma que ya vimos en las temporadas anteriores, con la narración en off y el mismo tema musical como marcos de referencia, se agradece de todos modos, el giro y el cambio de locación incorporado a esta nueva versión de la saga.

De izquierda a derecha, Michael Peña, Diego Luna y Tenoch Huerta

Innegablemente, la buena impresión y satisfacción general que ofrece la nueva producción, estrenada en Netflix en 16 de noviembre de 2018, va de la mano con la solvencia y talento de dos experimentados actores como Diego Luna y Michael Peña, quienes encarnan dos de los principales personajes de la serie.

De hecho, sus caracteres, si bien ubicados en polos opuestos, uno al margen de la ley, el otro encargado de hacerla cumplir, están determinados por un perfil psicológico bastante similar.

Es decir, pese a que los propósitos y destinos de ambos son distintos, naturalmente, tanto el narcotraficante Félix Gallardo como el agente de la DEA Kiki Camarena, son al final víctimas de la obsesión que los domina.

Narcos: El Perseguido y Perseguidor

‘Narcos: México’ narra de forma paralela la ascensión a la cumbre más alta del jefe del cartel de Guadalajara, Miguel Ángel Félix Gallardo, y al mismo tiempo la caída irremisible de (Kiki Camarena) quien fuera uno de los más decididos y combativos miembros de la DEA en México.

La serie se centra básicamente en la relación que se establece entre estos dos personajes, – perseguido   y perseguidor – sin que prácticamente haya interacción entre ambos, en una especie de dinámica tipo el juego entre gato y el ratón.

Partiendo de que la historia está basada en hechos reales, lo cual implica cierto conocimiento previo por la audiencia, la producción no guarda  secretos y desde sus primeros minutos infiere abiertamente hacia donde se dirige. Aun así, sin embargo, los guionistas y distintos directores se la arreglan para mantener el interés en la trama, y hacer de la serie un producto comercial, pero entretenido e impactante.

El actor Diego Luna

El hecho de ofrecer una visión, apegada a la realidad o no, pero imbuida de cierto corte histórico –plantea los inicios del mundo de los carteles en México, tal como los conocemos hoy–, indudablemente ayuda a establecer una conexión, entre nostálgica y mitológica, con el espectador.

‘Narcos: México’, asimismo, recoge la precariedad y el mundo de corrupción existente en el país azteca al momento de iniciar la DEA sus operaciones allí, a mediados de los años 80.

En ese sentido, y contrario a las temporadas anteriores, es importante resaltar el buen sentido del humor, mayormente negro, por supuesto, del que está impregnada esta cuarta temporada de Narcos. Esto es particularmente notorio en lo que tiene que ver con la corrupción policial y gubernamental. Aquello es tan alarmante e inaudito que es no solo risible, sino además, como si fuera parte de un festín del llamado realismo mágico latinoamericano.

Ahora bien, los personajes de Gallardo y Camarena no son los únicos puntos luminosos de ‘Narcos: México’. En realidad, hay un conjunto de sólidas y notables actuaciones de un grupo de desconocidos actores que dotan a sus personajes de entidad y convincente verosimilitud, como son los casos de Joaquín Cosio (Don Neto), Tenoch Huerta (Rafa), Matthew Letscher, quien hace del jefe de la DEA en México, y en menor medida, debido a que no tiene mucho que ofrecer con su personaje, pero igualmente acertada, Alyssa Diaz, como Mika la esposa de Kiki.

Nadie lo venía venir ni sabían de lo que era capaz

El actor Luna compone un Félix Gallardo calmado, circunspecto y controlador.  Gallardo, quien se transformó desde un simple policía pueblerino, en el más poderoso capo de las drogas en México, era un soñador y visionario, y sobre todo, alguien decidido a afrontar cualquier riesgo por grande que este fuera. Su figura a nadie intimidaba, y esa tal vez fue su mayor ventaja: nadie lo venía venir ni sabían de lo que era capaz.

Michael Peña, por su parte, desarrolla su personaje de forma serena y ecuánime, pero con una determinación y arrojo inigualables. Ambos atrapan, convencen y capturan innegablemente la atención del espectador.

Joaquín Cosio y Diego Luna en una escena de Narcos: Mexico

Pudo haberse hecho un trabajo mucho mejor con algunos de los otros personajes de la serie, los cuales lucen indefinidos –El Chapo, el director federal de seguridad, o ‘Azul’, por ejemplo; o con algunos de los caracteres femeninos que son casi todos irrelevantes.

No obstante, hay ciertos valores de producción –la ambientación, escenografía y, sobre todo, una estupenda música de Gustavo Santaolalla y Kevin Kiner– que matiza, define y subraya con precisión y dramatismo distintos momentos y situaciones.

Esto es particularmente notorio en el capitulo seis, en el cual comienzan algunos personajes a mostrar la madurez alcanzada, y se evidencia, además, un incremento paulatino, pero sostenido de la violencia.

En conclusión, todos estos aspectos son los que contribuyen a proporcionar ese imprescindible rasgo de autenticidad del que está impregnado la producción.

Por su misma naturaleza, que proviene de su narración en off y del hecho de que se inspira, con las acostumbradas licencias puestas en juego en estos casos, en personajes reales, la producción es al mismo tiempo, informativa e innegablemente bastante entretenida.

Sin que se trate de una producción de lujo ni tampoco entre las mejores producciones de Netflix, es de todos modos, el tipo de serie que uno ve y simplemente quiere que nunca termine.

Hay varias secuencias impresionantes, pero tal vez ninguna lo es más que aquella sinfonía de sangre y muerte en la que un Don Neto imperturbable, ante la lluvia de plomo en derredor, ve irremisiblemente esfumarse su reinado

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