Friday, November 26, 2021

Philadelphia

Must Read

Da 5 Bloods

Nunca diré que Da 5 Bloods es una mala película –tiene al menos varios buenos momentos y...

Enola Holmes es refrescante y entretenida

Esta mezcla de fantasía, cine de aventuras y de humor negro es la más reciente incursión en...

Joker: Un estudio de personaje

Al público no le ha gustado Joker, y esto es completamente entendible. Esta no es una película...

Han pasado más de 25 años del estreno de Philadelphia, la primera gran producción de Hollywood que abordó la enfermedad del SIDA de manera franca y directa, y el momento es más que propicio para hacer una revaluación del film.

En su momento, 1993 y 1994, una serie de elementos confluyeron para hacer de la película un éxito prácticamente asegurado, más allá de sus intrínsecos valores y alcances. Su director Jonathan Demme, por ejemplo, quien se había cubierto de gloria dos años antes con el triunfo apoteósico de The Silence of The Lambs –una de las tres únicas películas que han ganado los 5 grandes premios Oscars– al igual que Tom Hanks, estaban probablemente en la cumbre de sus carreras.

Tom Hanks en una escena de Philadelphia

Hanks por su parte, no solo había conseguido, ese mismo año, su primer gran éxito como actor con la comedia romántica Sleepless in Seattle, sino que además, al año siguiente confirmó su estatus como nueva estrella del mundo del cine con el enorme respaldo recibido por su nueva película Forrest Gump.

Si a ello agregamos entonces el prestigio y el carisma de un actor como Denzel Washington, que ya había ganado un Oscar en 1990 por su regia interpretación como actor de reparto en la película Glory, se comprenderá entonces que las probabilidades de salir airoso de un proyecto como este eran bastantes favorables.

Aun así, ¿representaban todos ellos una garantía de lo que sería el producto final? De ninguna manera. En el cine no hay garantía de nada. Por ello, no cabe duda de que en Philadelphia, algo hicieron bien Demme, Hanks y Washington, entre otros.

El Impulso de Streets of Philadelphia

Por cierto, uno de los aspectos que más influyó a catapultar la película a la cima de la popularidad, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, lo que eventualmente llevó el film a recaudar en taquilla sobre los 200 millones de dólares, fue la hermosa y triste canción de Bruce Springsteen, Streets of Philadelphia, la cual terminó llevándose un merecido Oscar como reconocimiento.

En principio, este no era el titulo de la película y su elección no fue tampoco casual. Tiene mucho que ver con la historia de la ciudad, en términos de lo que representa como The City of Brotherly Love o la Ciudad del Amor Fraternal, así como en cuanto al esencial rol jugado por Philadelphia, en términos históricos, en la conformación de las leyes (la libertad e igualdad del hombre, etc.) que dieron lugar a la creación de los Estados Unidos.

De modo que, la elección de Philadelphia, como locación y como título en lugar de ciudades como New York, Boston o Chicago, que según se dice también se barajaron como posibles escenarios del relato, tiene un valor simbólico que está íntimamente ligado a la trama de la película.

Pero, aunque la enfermedad del Sida había estado haciendo estragos entre los propios miembros del ‘establishment’ de la llamada Meca del cine, Hollywood, en cierta forma le había rehuido a un asunto, por aquel entonces, tan delicado y taboo como este.

Aun así, el film rápidamente se convirtió en la más popularmente reconocida producción sobre el tema, aunque, lo cierto es que no fue la primera cinta que tocó el SIDA –ni tampoco sería la última o la mejor lograda.

Mucho antes llegaron films más modestos, eso sí, como Longtime Companion, 1989, que trató con mucho mayor rigor los efectos de la enfermedad en una pareja de homosexuales, así como las producciones concebidas directamente para la televisión como An Early Frost, 1985 – la primera producción audiovisual que trató el SIDA– y And the Band Played On, 1993.

Denzel Washington en una escena del film

Philadelphia promovió la apertura

Ahora bien, aunque no puede negarse el enorme impacto y la repercusión que tuvo Philadelphia en la sociedad en cuanto a promover el dialogo, la aceptación y apertura hacia la comunidad homosexual, en términos dramáticos y cinematográficos la película no las tiene todas consigo.

Al menos, no en términos de las expectativas y el fervor que generó en su momento.

Es decir, pese a sus buenas intenciones, este drama judicial lo que ofrece en realidad es una mirada optimista, ligera y sentimental sobre un problema bastante complejo. De hecho, ni siquiera se enfoca en él.

Aunque en aquel entonces el Sida seguía expandiéndose por el mundo, unos 10 años después de su aparición, con su estela de muerte y dolor, en particular dentro de la comunidad homosexual, la historia del film está dirigida a resaltar la discriminación de que eran objeto quienes sufrían la enfermedad.

El guion, además, es maniqueo y los personajes, con excepción talvez del que interpreta Washington, estereotipados. En particular, el personaje central de Hanks (Andrew Beckett), es en extremo dulce, gentil y delicado, o en otras palabras, incapaz de cometer un error o hacer algo indebido.

Lo peor de todo es que quizás hasta el ultimo momento del film, Beckett es incapaz de conmover al espectador. Antonio Banderas, por otro lado, no tiene nada que hacer aquí que no se poner cara de chico malhumorado, y la familia de Beckett es de igual modo, simplemente la familia perfecta.

Así que la mejor actuación y los mejores momentos de la película corren a cargo de Denzel Washington – como aquellos en los Beckett va la oficina del abogado Joe Miller (Washington) y los ángulos de la cámara son los que transmiten con propiedad la actitud discriminatoria de este, o aquella otra ocasión en la biblioteca que termina por definir la relación entre ambos. Washington, en definitiva, compone un personaje vivaz, enérgico y sincero. En el film también tienen notables paticipaciones Mary Steenburgen y Jason Robards.

La trama de Philadelphia discurre de forma pausada, como es natural, pero un ligero dinamismo o una mejor edición le habrían ayudado grandemente – sobre todo cuando el film se ve ahora desde la distancia, al cabo de más de 25 años de existencia.

Probablemente donde mejor se evidencia este aletargamiento, pese a que irónicamente fue concebida para el lucimiento de Hanks es en la extensa secuencia operística en la que Beckett hace una especie de desnudo emocional.

Philadephia es una película interesante y ligera

Andrew Beckett es un joven y brillante abogado homosexual que trabaja para una reputada firma en la ciudad de Philadelphia. Nadie sabe de su orientación sexual, pero cuando Beckett, quien ha sido recientemente promovido y ahora maneja importantes casos, le es descubierto que tiene el Sida, es puesto en la calle sin contemplaciones. Su único recurso entonces es entablar un juicio a su antiguo empleador.

Hanks, como es sabido, fue el ganador del Oscar al mejor actor por este papel, y su actuación es buena y apreciable, pero demasiado ‘políticamente correcta’, como la de un afable y adorable enfermo al que se le escapa la vida y va perdiendo toda expresividad.

Así que quien suscribe no hubiera votado por él, sobre todo, tomando en cuenta contra quienes estaba compitiendo: Anthony HopkinsThe Remains of the Day; Daniel Day LewisIn the Name of the Father; Liam NeesonSchindler’s List y Lawrence FishburneWhat’s Love Got to do With It.

Ahora bien, es notorio el intento del director Demme por crear dramatismo e intensidad mediante el profuso uso de close-ups, pero el recurso no siempre funciona, debido a una falta de rigor del texto narrativo y/o una mayor definición de algunos de los personajes.

Es decir, la película o mejor dicho el guion, por ejemplo, pone especial énfasis en mostrar la animadversión y rechazo del personaje de Washington, (Miller) hacia los homosexuales, pero no trabaja con igual empeño en su proceso de adaptación o cambio de actitud, la cual se manifiesta sin mayores contratiempos, sin que se evidencie en él un real proceso de maduración y toma de conciencia

De igual modo, no cabe duda de que Philadephia constituye una película interesante, que se ve con agrado – aunque esto último suena u tanto fuera de contexto dada la naturaleza trágica que corre paralela en el fundamento narrativo del film.

Pero lo cierto es que uno siente mayor compasión por algunos de los verdaderos y visiblemente enfermos de SIDA que aparecen brevemente en la película, se estima que unos 50 de ellos tuvieron algún rol en la producción, que por el personaje central.

En su momento Philadelphia se dio a conocer como una historia original del guionista Ron Nyswaner -quien fue nominado al Oscar incluso por su trabajo – sin embargo, dicho relato estaba basado en realidad en la vida o parte de ella del abogado neoyorquino Geoffrey Bowers. Su familia demandó y llegó a un acuerdo legal no revelado con los productores.

- Advertisement -
- Advertisement -

Latest News

Da 5 Bloods

Nunca diré que Da 5 Bloods es una mala película –tiene al menos varios buenos momentos y...

Enola Holmes es refrescante y entretenida

Esta mezcla de fantasía, cine de aventuras y de humor negro es la más reciente incursión en la inacabada historia que rodea...

Joker: Un estudio de personaje

Al público no le ha gustado Joker, y esto es completamente entendible. Esta no es una película de acción y aventuras como...

World War II in Colour

Aunque no presenta una cuantificación total, en términos de los estragos y las enormes pérdidas  –humanas, materiales y de medio ambiente– de...

Greyhound: Entre la historia y la ficción

Greyhound, una producción de Sony Pictures cuya fecha de arribo a las salas de cine fue cambiada en dos ocasiones, ha visto...
- Advertisement -

More Articles Like This

- Advertisement -