Friday, November 26, 2021

Roma: Los criticos la adoran y el publico detesta

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En estos días, mucha gente se ha pronunciado sobre la película Roma, después de ésta haber arrasado con las nominaciones al premio Oscar. Muy pocos, sin embargo, lo han hecho en términos favorables al film, aunque esto de todos modos, no es una sorpresa para nadie.

¿Por qué los críticos se han vuelto locos con Roma y el público, en cambio, la detesta? Es bien simple. Roma es un drama íntimo en clave de meditación nostálgica, sobre la cotidianidad y tribulaciones de una familia de clase media y su servidora doméstica, en el México de principios de los años 70.

¿Es este el tipo de historias que atrae a la mayoría? De ningún modo. Así que, si a ello agregamos una concepción narrativa de carácter contemplativo, y cuya morosidad y sentido de observación se desliza persistente y con precisión, mientras compone un cuadro neorrealista en un blanco y negro luminoso y apabullante – en sus abundantes detalles; podrá entenderse entonces más fácilmente por qué el público ha rechazado el film.

Por lo tanto, tal vez, la mejor forma de describir el film es considerándolo como un homenaje al tiempo y la memoria, realizado por un director que, Alfonso Cuarón, mientras los añora e idealiza con empeño, otorga a dichos elementos un lugar especial en su vida.

Es por eso que la película representa una visión cercana y personal para él, ejemplificada a través de los dos personajes femeninos que encabezan el reparto de la película; la señora Sofia (Marina de Tavira), la matriarca de la familia y Cleo (Yalitza Aparicio), el servicio encargada no sólo de dirigir el día a día en la casa, sino que ‘como un miembro más de la familia’, también debe brindar amor, cuidado y comprensión.

Roma es un drama íntimo en clave de meditación nostálgica

Pero Cleo tiene, asimismo, sus propios problemas (es simplemente admirable la naturalidad y autenticidad que irradia Aparicio), y aunque los niños en su mundo de inocencia no son conscientes de ello, el mundo de Cleo como el de la Señora Sofia, pueden hacerse añicos en cualquier momento, por causa de los ‘rutinarios’ y a veces pequeños detalles del diario vivir.

“Roma es un drama íntimo en clave de meditación nostálgica, sobre la cotidianidad y tribulaciones de una familia de clase media y su servidora doméstica, en el México de principios de los años 70.”

El impacto de estos conflictos, de todos modos, no se siente en lo inmediato, y por el contrario, va atravesando y empapando el film y la narración pausadamente, arrastrando con él en el camino, las dificultades sociopolíticas del momento en México.

Es aquí, precisamente, donde se encuentra uno de los aspectos que más desconcierta al público, debido a que, durante aproximadamente una hora, en la película ‘prácticamente no sucede nada’.

Esto, naturalmente, es más un decir que un hecho cierto, puesto que en Roma, cada detalle, desde aquella hipnótica secuencia inicial, (en la que el agua se bate incesante contra un piso que debe ser habitualmente limpiado), hasta la última imagen del film, ha sido cuidadosamente diseñada y estudiada para producir un efecto especifico.

Es innegable que se requiere de un gran talento para concebir, escribir y dirigir una película con la fuerza, determinación y tan envolvente y absorbente como Roma. Se precisa también de una posición privilegiada para poder salir adelante con un proyecto en el que una joven de origen indio y sin experiencia previa como actriz, es la que encabeza dicho reparto, y aun así proceder con libertad y autoridad, sin temor a las repercusiones económicas que el mismo pudiera acarrear.

El respeto, el cariño y el impacto que el personaje de Cleo tuvo en la niñez del director Cuarón fue tremendo. De ahí que haya dibujado un retrato de ella con tanto esmero y delicadeza, casi llegando a la beatificación, y en el que su sentido de abnegación y resignación es tan manifiesto. Esplendida es, sin dudas, actuación de la joven Aparicio, quien irradia una naturalidad y capacidad de entrega incomparables.

Ahora bien, el visionado de la película es difícil, eso hay que admitirlo, en tanto se revela con un sentido de languidez y morosidad con el que es (a primera vista), casi imposible simpatizar.

Roma resplandece con la fuerza del cine documental

El impacto de esta concepción visual nos proporciona una poca placentera sensación de cercanía, la cual nos llega impregnada de un impresionante realismo, cuyo destello se asemeja al cine documental.

Uno se siente frente a ella y muy lentamente va quedando inmerso en un minúsculo universo, glacial e inesperadamente, hasta inquietante, y con el cual no se comulga. En este tramo, dado que no hay un gran conflicto, una gran revelación o una terrible plaga o misterio que atraiga o atrape, la película parece ir a ninguna, y esto obviamente para muchos, resulta chocante.

“Dicho de otro modo, de lo que trata la película es de la exaltación de la simpleza de la vida ordinaria.”

En otras palabras, Roma es un ejercicio de estilo de carácter evocativo e imbuido de una sutileza y agreste belleza, la cual termina conjugándose en una concepción poética de naturaleza esencialmente humana.

Es decir, la película es simplemente un imponente canto a la cotidianidad, y como la rutina es algo que nadie admira, el público la rechaza de plano.  Nada de esto le ha interesado nunca a la mayoría, y mucho menos, a la gente de la época de Facebook, Instagram o Twitter.

Dicho de otro modo, de lo que trata la película es de la exaltación de la simpleza de la vida ordinaria. Y esto, aunque no tiene incidencia en el gran público, está magistralmente bien logrado.

Roma nos llega como si fuera un film de otro tiempo

Sin embargo, aunque en este contexto lo que prevale es una especie de magnificación de lo banal y lo ordinario, la realidad es que la historia es narrada sin premura y con la precisión de un consumado orfebre – nada sobra y nada parece faltar– que sabe muy bien lo que quiere y esta firmemente convencido de cómo llegar allí.

Es, en parte, por esas razones que Roma nos llega como si fuera un film de otro tiempo. Con su textura visual hiperrealista, responsabilidad también del director Cuarón; su rigurosidad de encuadres, su pesado ritmo y su hondo impacto emocional es como un homenaje al tiempo y la memoria.

Por ello, en cierta forma, Roma es en esencia la historia de cómo una persona, el servicio domestico influyó en la educación y formación de un niño, convirtiéndose eventualmente en el imprescindible equilibrio de una familia en la que el padre era prácticamente una figura inexistente. La poderosa y reconfortante escena de abrazos en la playa, en tal sentido, es la confirmación definitiva del importante rol de Cleo en aquella familia.

Sus diálogos, por cierto, son escasos, pero sus grandes ojos y sus acciones dicen mucho más que las palabras. (Obsérvese cómo despierta a los niños o cómo se despide de ellos al acostarles) ¡Qué gran acierto fue el elegir a la desconocida joven Aparicio, quien nunca había actuado, como la protagonista de este potente drama!

No sé cuántos premios Oscar obtendrá el film, pero el de mejor fotografía, y mejor director o mejor película, son un casi hecho.

Roma es poética, simbólica e increíblemente, tiene un raro suspenso que la hace inadvertidamente entretenida.  Y la caracterización de Aparicio, por cierto, no es la única que impresiona aquí. De hecho, todo el que aparece en pantalla parece que simplemente lo hace a la perfección

Aun así, y pese a sus inocultables valores de fotografía, música, actuación, guion, dirección, etc, la estructura narrativa de la película no es del tipo que entusiasma, motiva o cautiva al espectador, en virtud de que el film concluye, en definitiva, elevando el pasado y la memoria a la categoría de un crudo y desalentador fragmento de vida No obstante, si en algo todos debemos estar de acuerdo es que Roma a nadie le es indiferente. Y esta es probablemente la satisfacción más grande para el director Cuarón, porque después de todo, ¿Qué es lo que busca con su obra o su discurso todo autor o director?                                                                                                              

¿Por qué los críticos se han vuelto locos con Roma y el público, en cambio, la detesta? Es bien simple. Roma es un drama íntimo en clave de meditación nostálgica, sobre la cotidianidad y tribulaciones de una familia de clase media y su servidora doméstica, en el México de principios de los años 70.

¿Es este el tipo de historias que atrae a la mayoría? De ningún modo. Así que, si a ello agregamos una concepción narrativa de carácter contemplativo, y cuya morosidad y sentido de observación se desliza persistente y con precisión, mientras compone un cuadro neorrealista en un blanco y negro luminoso y apabullante – en sus abundantes detalles; podrá entenderse entonces más fácilmente por qué el público ha rechazado el film.

Por lo tanto, tal vez, la mejor forma de describir el film es considerándolo como un homenaje al tiempo y la memoria, realizado por un director que, Alfonso Cuarón, mientras los añora e idealiza con empeño, otorga a dichos elementos un lugar especial en su vida.

Es por eso que la película representa una visión cercana y personal para él, ejemplificada a través de los dos personajes femeninos que encabezan el reparto de la película; la señora Sofia (Marina de Tavira), la matriarca de la familia y Cleo (Yalitza Aparicio), el servicio encargada no sólo de dirigir el día a día en la casa, sino que ‘como un miembro más de la familia’, también debe brindar amor, cuidado y comprensión.

Pero Cleo tiene, asimismo, sus propios problemas (es simplemente admirable la naturalidad y autenticidad que irradia Aparicio), y aunque los niños en su mundo de inocencia no son conscientes de ello, el mundo de Cleo como el de la Señora Sofia, pueden hacerse añicos en cualquier momento, por causa de los ‘rutinarios’ y a veces pequeños detalles del diario vivir.

“Roma es un drama íntimo en clave de meditación nostálgica, sobre la cotidianidad y tribulaciones de una familia de clase media y su servidora doméstica, en el México de principios de los años 70.”

El impacto de estos conflictos, de todos modos, no se siente en lo inmediato, y por el contrario, va atravesando y empapando el film y la narración pausadamente, arrastrando con él en el camino, las dificultades sociopolíticas del momento en México.

Es aquí, precisamente, donde se encuentra uno de los aspectos que más desconcierta al público, debido a que, durante aproximadamente una hora, en la película ‘prácticamente no sucede nada’.

Esto, naturalmente, es más un decir que un hecho cierto, puesto que en Roma, cada detalle, desde aquella hipnótica secuencia inicial, (en la que el agua se bate incesante contra un piso que debe ser habitualmente limpiado), hasta la última imagen del film, ha sido cuidadosamente diseñada y estudiada para producir un efecto especifico.

Es innegable que se requiere de un gran talento para concebir, escribir y dirigir una película con la fuerza, determinación y tan envolvente y absorbente como Roma. Se precisa también de una posición privilegiada para poder salir adelante con un proyecto en el que una joven de origen indio y sin experiencia previa como actriz, es la que encabeza dicho reparto, y aun así proceder con libertad y autoridad, sin temor a las repercusiones económicas que el mismo pudiera acarrear.

El respeto, el cariño y el impacto que el personaje de Cleo tuvo en la niñez del director Cuarón fue tremendo. De ahí que haya dibujado un retrato de ella con tanto esmero y delicadeza, casi llegando a la beatificación, y en el que su sentido de abnegación y resignación es tan manifiesto. Esplendida es, sin dudas, actuación de la joven Aparicio, quien irradia una naturalidad y capacidad de entrega incomparables.

Ahora bien, el visionado de la película es difícil, eso hay que admitirlo, en tanto se revela con un sentido de languidez y morosidad con el que es (a primera vista), casi imposible simpatizar.

El impacto de esta concepción visual nos proporciona una poca placentera sensación de cercanía, la cual nos llega impregnada de un impresionante realismo, cuyo destello se asemeja al cine documental.

Uno se siente frente a ella y muy lentamente va quedando inmerso en un minúsculo universo, glacial e inesperadamente, hasta inquietante, y con el cual no se comulga. En este tramo, dado que no hay un gran conflicto, una gran revelación o una terrible plaga o misterio que atraiga o atrape, la película parece ir a ninguna, y esto obviamente para muchos, resulta chocante.

“Dicho de otro modo, de lo que trata la película es de la exaltación de la simpleza de la vida ordinaria.”

Sin embargo, aunque en este contexto lo que prevale es una especie de magnificación de lo banal y lo ordinario, la realidad es que la historia es narrada sin premura y con la precisión de un consumado orfebre – nada sobra y nada parece faltar– que sabe muy bien lo que quiere y esta firmemente convencido de cómo llegar allí.

En otras palabras, Roma es un ejercicio de estilo de carácter evocativo e imbuido de una sutileza y agreste belleza, la cual termina conjugándose en una concepción poética de naturaleza esencialmente humana.

Es decir, la película es simplemente un imponente canto a la cotidianidad, y como la rutina es algo que nadie admira, el público la rechaza de plano.  Nada de esto le ha interesado nunca a la mayoría, y mucho menos, a la gente de la época de Facebook, Instagram o Twitter.

Dicho de otro modo, de lo que trata la película es de la exaltación de la simpleza de la vida ordinaria. Y esto, aunque no tiene incidencia en el gran público, está magistralmente bien logrado.

Roma nos llega como si fuera un film de otro tiempo

Es, en parte, por esas razones que Roma nos llega como si fuera un film de otro tiempo. Con su textura visual hiperrealista, responsabilidad también del director Cuarón; su rigurosidad de encuadres, su pesado ritmo y su hondo impacto emocional es como un homenaje al tiempo y la memoria.

Por ello, en cierta forma, Roma es en esencia la historia de cómo una persona, el servicio domestico influyó en la educación y formación de un niño, convirtiéndose eventualmente en el imprescindible equilibrio de una familia en la que el padre era prácticamente una figura inexistente. La poderosa y reconfortante escena de abrazos en la playa, en tal sentido, es la confirmación definitiva del importante rol de Cleo en aquella familia.

Sus diálogos, por cierto, son escasos, pero sus grandes ojos y sus acciones dicen mucho más que las palabras. (Obsérvese cómo despierta a los niños o cómo se despide de ellos al acostarles) ¡Qué gran acierto fue el elegir a la desconocida joven Aparicio, quien nunca había actuado, como la protagonista de este potente drama!

No sé cuántos premios Oscar obtendrá el film, pero el de mejor fotografía, y mejor director o mejor película, son un casi hecho.

Roma es poética, simbólica e increíblemente, tiene un raro suspenso que la hace inadvertidamente entretenida.  Y la caracterización de Aparicio, por cierto, no es la única que impresiona aquí. De hecho, todo el que aparece en pantalla parece que simplemente lo hace a la perfección

Aun así, y pese a sus inocultables valores de fotografía, música, actuación, guion, dirección, etc, la estructura narrativa de la película no es del tipo que entusiasma, motiva o cautiva al espectador, en virtud de que el film concluye, en definitiva, elevando el pasado y la memoria a la categoría de un crudo y desalentador fragmento de vida No obstante, si en algo todos debemos estar de acuerdo es que Roma a nadie le es indiferente. Y esta es probablemente la satisfacción más grande para el director Cuarón, porque después de todo, ¿Qué es lo que busca con su obra o su discurso todo autor o director?                                                                                                              

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