Friday, November 26, 2021

The Hateful Eight ahora como miniserie

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Así como lo leen. La versión extendida de este violento e impactante western del director Quentin Tarantino, ha sido llevado a 4 episodios de 50 minutos cada uno, presuntamente por el propio realizador, y ahora está disponible para streaming en Netflix.

Las razones de esta estrategia no están muy claras, –tal vez la longitud de la película jugó un rol en ese sentido –pero lo cierto es que en lugar de ofrecer esta versión extendida del director como un solo e integro film, se decidió en cambio hacerlo en capítulos.

Pero bien. Sea de una forma u otra, uno tiene que ser un real amante del cine para sentarse plácidamente a lo largo de la proyección de esta película/miniserie, y encontrar en sus largas peroratas o en su salvajismo destemplado, algún sentido de diversión.

Por mi parte, confieso que lo intenté. Traté una y otra vez de conectar con el film, con sus postulados o con su técnica. Pero es harto difícil coincidir o compartir las rocambolescas teorías y sanguinarias motivaciones del director Quentin Tarantino.

¿Cuál es el propósito de hacer una película como The Hateful Eight? Para empezar el film fue rodado en un formato obsoleto, o sería más apropiado decir en desuso; el 70mm y con lentes ultra panavisión. El mismo cabe decir, tiene sus ventajas, y en contraposición al formato estándar de 35 mm, aquí el cuadre fotográfico es más amplio y la resolución en general de la imagen mucho mayor.

Esto puede apreciarse a plenitud en los primeros quince o veinte minutos de la película. Después de ahí, el uso de dicho formato pierde su valor y sentido por más cercanía y verosimilitud que proporcione a la acción en virtud de que, en primer lugar, más del 90 por ciento del film se desarrolla en un espacio cerrado, y segundo, lo que sucede allí es, primero aburrido y repetitivo; y luego en la segunda mitad, aunque lo que sigue enerva y desconcierta, a nadie en realidad cautiva o emociona.

No hay placer alguno en The Hateful Eight

En otras palabras, y a pesar del elevado sentido de producción que se advierte en el film, no hay placer alguno en The Hateful Eight, salvo que no sea el que proporciona la belleza agreste y salvaje del invernal entorno.

De hecho, con la excepción del brillante y prometedor ‘opening’, matizado magistralmente con la música del legendario Ennio Morricone, y de la canción final con la que cierra el film, no hay prácticamente ningún otro aspecto que ofrezca emoción o algún sentido de excitación y complacencia.

Esta película es esencialmente un Western, pero a la vez no lo es, o al menos no en el sentido que lo conocemos. La rígida estructura narrativa del film –incluye una obertura o preludio y un intermedio, además de que está narrado en capítulos– y un extenso y continuo circunloquio incorporan a la producción una textura visual un tanto anacrónica y remota, como la de un film de otro tiempo.

Samuel L. Jackson en una escena del film

Esto probablemente está bien mientras refleja el sentido de homenaje que el director quiere hacer al Western de los años 60 (a Sergio Leones en especial), pero al mismo tiempo el apego a todo este rigor y a la pesada línea discursiva del film no aportan valor alguno a la película, y en cambio se revelan como un lastre con aliento operístico y teatral.

Por cierto, el tema que subyace en la historia no es la venganza, sino el racismo. Pero mientras Tarantino concibe su film como una reminiscencia del Western de los 60, a quien efectivamente remite la película, desde su título hasta su trama, es a Agatha Christie.

Ahora bien, aunque no puede compararse el sustrato literario de su película con ninguno de los films basados en las novelas de la escritora inglesa, en eso el crédito es todo de él, en algunas de aquellas, al menos, había un manejo del misterio y la intriga mucho mejor elaborado.

Algún tiempo después de la Guerra Civil Norteamericana, el cazador de recompensas John Ruth (Kurt Russell) se dirige en una diligencia a Red Rock –por los escarpados caminos de un Wyoming cubierto de nieve– a entregar a la fugitiva Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh), condenada a morir en la horca por asesinato.

Sin embargo, antes de llegar a su destino, Ruth se ve compelido a recoger en el camino, primero al mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson), quien como él es también un cazador de recompensas, aunque de la raza negra, como se le enrostra frecuentemente, y además, a Chris Mannix, (Walton Goggins), quien dice ser el nuevo sheriff de Red Rock.

Todos tienen prisa por llegar, pero como una tormenta de nieve se les viene encima, Ruth decide hacer una parada en la posada Minnie’s Haberdashery, que por supuesto, queda en medio de ninguna parte.

Ninguno de estos dos últimos señores es de fiar, Ruth lo sabe cómo también lo advierte el espectador, quien presiente que además de los golpes que Ruth propina frecuentemente a su prisionera, algo más puede suceder en cualquier momento.

La desproporción y la desmesura ahogan los valores del film

La situación se torna aún más comprometedora al arribar a la posada, y encontrar allí a cuatro enigmáticos personajes. Queda claro que a partir de entonces la suerte está echada.

Nadie osaría poner en duda el gran talento del director Tarantino para crear explosivas piezas de diálogos, cargados de tensión y dramatismo, puesto que él se ha encargado de dejarlo elocuentemente manifiesto a través de su carrera. Recuérdese, por ejemplo, la magistral secuencia con la que abre Inglorious Basterds, en la que un exuberante Christopher Waltz eterniza su presencia en el cine.

THE HATEFUL EIGHT (2015) SAMUEL L. JACKSON

El problema con algunas de sus historias se suscita cuando se trata de valorar las mismas, no como un episodio aislado, sino como una entidad total que incita, sacude y concluye con un sentido de resolución con el que el público puede identificarse.

Por eso, durante la proyección de The Hateful Eight uno no puede dejar de preguntarse hacia donde se dirige el director. ¿Qué lo motiva? ¿Cuál es su propósito? Lamentablemente, la película concluye y estas interrogantes se quedan sin respuestas.

¿De qué sirve todo el talento de Tarantino, por que en verdad lo tiene, si éste en lugar de estar dirigido a presentar una historia que verdaderamente interese y atrape al espectador, es reservado en cambio, a satisfacer el ego y las obsesiones extremas del director?

Tarantino siempre ha sido un maestro dirigiendo actores, y The Hateful Eight no es la excepción. En ese sentido, Jennifer Jason Leigh, con quien uno se identifica y al mismo tiempo rechaza con la misma fuerza, ofrece aquí una estupenda actuación.

The Hateul Eight tiene, además, algunos gags o chistes visuales que dibujan una sonrisa aquí y allá, en especial lo aportados por Jason Leigh, y varias ciertamente notables actuaciones   –Jackson, Russell y Goggins–; pero todo ello se diluye en la desproporción y la desmesura de un director más interesado en enrostrar su ingenio que en contar una historia entretenida que interese a la gente.

Tal vez es tiempo ya de que alguien le diga a míster Tarantino que estamos cansados de su pasión por la violencia, de su extravagancia, estilizada y repetitiva concepción de la narrativa cinematográfica. Es dentro de esa misma tónica que cae el chiste de corte sexual y bastante gráfico que exhibe la producción.

Lo que si llama la atención es la espléndida fotografía de Robert Richardson, el formidable elenco y, naturalmente, la majestuosa música de Morricone. ¡Qué pena que este baño de sangre carezca de sentido y razón de ser!

2/13/16

The Hateful Eight (Estados Unidos, 2015) Director: Quentin Tarantino Elenco: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Tim Roth, Michael Madsen, Bruce Dern, Demian Bichir, Channing Tatum, Walton Goggins Guion: Quentin Tarantino Fotografia: Robert Richardson Musica: Ennio Morricone Genero: Western/Aventura Duracion: 3:02 Clasificacion: R (Violencia, obscenidades y desnudez)

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