Thursday, August 5, 2021

World War II in Colour

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Aunque no presenta una cuantificación total, en términos de los estragos y las enormes pérdidas  –humanas, materiales y de medio ambiente– de cualquier modo, el documental World War II in Colour ofrece una perspectiva de la guerra reveladora, horrorosa y profundamente aleccionadora.

El film, una producción británica del año 2009, y estrenada en Netflix recientemente, tal vez no dice nada que no haya sido dicho en los centenares de libros que se han escrito sobre el tema.

Sin embargo, construir un compendio visual de aquel devastador acontecimiento y hacerlo de forma que resulte interesante, unos 75 años después, pero sobre todo, elocuente y significativo; tiene innegablemente bastante mérito.

El sentido de degradación de la condición humana que se observa en las espeluznantes imágenes de archivo incluidas aquí es espantoso y aterrador. Pero en ese mismo orden, dicha imágenes constituyen también una de las razones que hacen al film más interesante y poderosamente testimonial.

En conclusión, World War II in Colour representa un permanente recordatorio de qué tan lejos puede llegar la xenofobia, la discriminación y la maldad del hombre.

Construido en base a una recopilación de imágenes de archivo conocidas y otras inéditas, no cabe duda de que el uso del color, o la ‘colorización’ de muchas de dichas imágenes incorpora un elemento adicional que hace la producción más atractiva, aunque en definitiva este no es el tipo de documental que atrae a las grandes audiencias.

World War II in Colour es didáctico y explicativo

Pero de cualquier manera, compuesto de 13 episodios de aproximadamente 51 minutos cada uno, se trata de un material o documento audiovisual que debería estar incluido en el currículum de las escuelas media y secundaria en todas partes.

Con frecuencia uno piensa que no queda nada nuevo por aprender sobre la poderosa y horrorizarte maquinaria Nazi, y que, en consecuencia, uno ya lo sabe todo. ¡Pero cuán equivocados estamos!

Es evidente en la producción que algunas imágenes son usadas como ilustración en más de una ocasión y otras no corresponden con propiedad a los hechos narrados. Pero, aun así, World War II in Colour representa una tremenda oportunidad para capturar rápidamente una visión general de la magnitud y los alcances de aquel conflicto.

Otro aspecto interesante del film es el sentido didáctico y explicativo que encierra, lo cual se refleja, además, en el uso de modernas imágenes satelitales que ofrecen una mejor descripción geográfica del frente de batalla.

Todo esto contribuye a que resulten fácilmente entendibles las repercusiones y consecuencias que arrojó el conflicto, y el por qué del nuevo orden mundial que surgió de allí.

La producción reserva, incluso, pequeños espacios para exponer el surgimiento e incidencia de otros regímenes totalitarios como el de Benito Mussolini en Italia, y el de Francisco Franco en España.

Por lo tanto, es indudable que hay mucho que aprender de este documental. Ahora bien, ello no significa que la rigurosidad sea uno de sus grandes atributos o que el enfoque narrativo no esté comprometido con un particular punto de vista –el británico.

En ese sentido, es notoria la ausencia o la minúscula presencia de importantes aspectos y hechos como las participaciones de China en la guerra, que había estado envuelta en un largo conflicto con Japón desde 1931, así como el enorme e importante aporte de la India, por aquel entonces bajo el protectorado británico.

Al terminar la guerra, por ejemplo, el llamado British Indian Army estuvo compuesto por más de 2.5 millones de soldados, la mayoría de ellos como voluntarios. Esto ni siquiera se menciona aquí.

Narrado con fluidez y marcada expresividad por Richard Powell, el documental tampoco incluye alguna referencia sobre los Juicios de Crímenes de Guerra de Tokyo (Tokyo War Crimes Trials), aunque sí lo hace someramente sobre los conocidos juicios de Nuremberg.

En fin, la perspectiva narrativa británica es demasiado evidente, y al tratarse de un conflicto de tan imponderable magnitud como la Segunda Guerra Mundial, esto dio como resultado que el producto final no sea todo lo exhaustivo que el tema requiere.

Para compensar, al menos, la producción emite al cierre una consideración poco favorable sobre Winston Churchill, en función de su posible previo conocimiento sobre la existencia de los campos de concentración Nazi, de los cuales se supo oficialmente su existencia al ingresar los rusos en Polonia, y consecuentemente, al terminar la guerra.

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